Hace muchos años que Hannan Serroukh, que colabora con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado español, viene advirtiendo que la Comisión Islámica, Hamás, Hezbolá, etc., están dentro de nuestras estructuras sociales y políticas. Ella señala que la noticia que hoy nos informa de que la Guardia Civil y la policía alemana han desarticulado en Cataluña una de las estructuras logísticas de drones de la organización islamista libanesa Hezbolá, o aquella que nos informaba ayer de que la Policía Nacional situaba al principal representante del islam en España como “máximo responsable” de una red yihadista, es el resultado de muchos años de trabajo, que los políticos saben lo que está pasando, que no es casualidad que estos grupos operen justamente en esas zonas y que su principal objetivo no tiene por qué ser atentar en nuestro territorio (que también), sino sobre todo hacer injerencia política.
Les voy a poner ahora un largo pero interesantísimo fragmento del libro «Confesiones de un traficante de personas», escrito en 2014 por los periodistas italianos Andrea Di Nicola y Giampaolo Musumeci y publicado en España en 2019. El prólogo a la edición española es lamentable (se lo encargan a una periodista de El País), pero el trabajo de campo que llevan a cabo los italianos es muy jugoso y permite adivinar que los problemas que ya anticipaban hace 10 años, deben ser ahora muchísimo más graves.
Están entrevistando a un traficante de inmigrantes ilegales pakistaní que opera en Italia. Le llaman Kabir. Los traficantes aceptan ser entrevistados siempre que su auténtica identidad sea sustituida por un seudónimo. Habla Kabir:
«Vengo de un pequeño pueblo situado cerca de la frontera con Afganistán, en el norte de Pakistán. Somos de etnia pastún y hablo, por tanto, pastún. Y, si sabes hablar bien este idioma, puedes hacerte pasar por uno de ellos (por un fagano). Sí, porque ellos pueden solicitar asilo político cuando lleguen a Italia». Recordemos que entonces Afganistán estaba en guerra.
En este punto, los periodistas nos informan de que una de las estrategias más sugeridas a los inmigrantes por parte de los traficantes es que no declaren su propia nacionalidad y finjan venir de un país en guerra. No es fácil de hacer, pero en algunos casos la ambigüedad ayuda: «Quien es pastún pero tiene pasaporte pakistaní, por ejemplo, no tiene derecho a asilo político. Pero si el pastún pakistaní no presenta el pasaporte y afirma ser afgano, como por arte de magia se le abren de par en par las puertas de la protección internacional».
Kabir sigue explicando su modus operandi. Él aprovecha las leyes italianas que permiten el acceso de temporeros extranjeros para trabajar en el campo durante un tiempo limitado. El objetivo real es aprovechar esa vía legal para introducir inmigrantes pakistaníes en Europa. Estos pueden entrar como temporeros pero no como asilados políticos porque Pakistán no está en guerra. Afganistán sí, así que el truco consiste en hacerse pasar por afganos. Estas personas pagan miles de euros para lograr su sueño: son muchos los agentes que intervienen en el proceso y hay que pagarles. «Familias enteras contribuyen al viaje, a menudo vendiendo casi todo lo que poseen», remata el traficante. En esa fecha (2013) Kabir declara ganar un millón doscientos mil euros al año, en negro, obviamente.
Kabir sigue explicando que con el permiso y el documento de identidad pakistaní estas personas entran legalmente en Italia con permiso de trabajo y directamente en avión. «Pero, tan pronto como abandones el aeropuerto, tienes que correr al centro de acogida, tienes que destruir tu pasaporte, destrozarlo, quemarlo, comértelo. Esto mismo decimos a los que ayudamos. Tienes que romperte la ropa, agujerear la suela de tus zapatos, ensuciarte las manos y la cara, mostrarte hambriento y desesperado. Y, en afgano (pastún, para ser exactos), decir que llegaste por mar desde Grecia, encerrado en el fondo de un camión, cargado en la bodega de un transbordador. Esas cosas que se leen en los periódicos… Probablemente te someterán a un reconocimiento médico. Quizás sean capaces de descubrir la verdad, pero no podrán demostrar nada. Te tendrán que creer y te concederán asilo político. A partir de ese momento, podrás moverte por toda Europa sin que nadie te moleste. Y esto porque eres un pastún afgano y puedes hablar el idioma correcto, porque escapas de la guerra y puedes pedir asilo político».
En esta investigación publicada en 2014 los periodistas italianos no se permiten muchos comentarios personales, pero justo tras recoger el testimonio de Kabir, escriben: «Escuchando a Kabir, uno se pregunta si este continuo tráfico de personas no es un peligro para la seguridad nacional e internacional. Un canal continuo, privilegiado y relativamente simple mediante el cual infiltrar terroristas en Europa».
Aquí lo dejo. Sólo añado que hace muchos años, muchísimos, que Hannan Serroukh viene avisando de que los grupos salafistas estás aprovechando los flujos migratorios y el buenismo derechohumanista subnormalizante para penetrar en territorio europeo. Ella lo vivió en primera persona siendo una niña.











1 comentario en “Buenismo derechohumanista subnormalizante”
Muchísimas gracias por denunciar estas situaciones, que solo sirven para destruir España y Europa. La labor que hace es totalmente necesaria.