En el capítulo de esta semana, «Carta de Sánchez y saturación democrática», analizamos, junto a Santiago López, que uno de los problemas que tiene el fundamentalismo democrático es invertir el orden ontológico de las cosas, poniendo a la democracia (en abstracto, como idea pura y como valor absoluto) por encima de los Estados, cuando las democracias (en plural) siempre están referidas a sociedades políticas empíricas, concretas. Por ejemplo, la democracia española es la democracia de 1978 y no es lo mismo hablar de la democracia española del 78, que de la democracia de Pericles o de la democracia que proyectan los secesionistas para sus soñadas repúblicas independientes. Las democracias siempre dependen de los Estados. No son los Estados los que dependen para su supervivencia de la democracia. Querer salvar a la democracia sin luchar simultáneamente por la recurrencia del Estado de referencia (España, en nuestro caso) es como querer quedarse con la sonrisa del gato sin el gato.

Hay que destruir al Herodes progresista
Queridos amigos: A pocos días de inaugurar los VII ENCUENTROS FORJADOS, convocados en defensa de la familia, tengo el gusto








