Aquí tienen un ejemplo claro de las posiciones que sostiene el tercer grupo de feminismos que analizo en mi último libro, grupos autotitulados como «Feministas antirracistas, anticapitalistas, antiimperialistas y decoloniales para la emancipación de las mujeres racializadas del Sur-global». Este vídeo lo tiene todo. Veamos cada una de sus premisas (P) y desmontémoslas (D):
P1: Las mujeres no musulmanas no podemos opinar sobre el uso del hiyab porque eso es algo que sólo atañe a la conciencia de la mujer musulmana.
D1: Lo que hay detrás de este argumento es la idea de que el individuo puede autodesignarse, autodefinirse, autodeterminarse. Es creer que ponerse un yihab, un niqab o un burka en España sólo compromete a la «conciencia pura» de la mujer que decide ponérselo, y que un niqab en nada afecta al conjunto social en el que se inserta. No hay derechos sin obligaciones y esas obligaciones se dictan, precisamente, respecto del conjunto social y político donde se desenvuelve la vida del individuo.
P2: Sostienen que el problema es la prohibición. Dicen que el velo no siempre significa opresión y violencia, razón por la que rechazan las políticas punitivas europeas que pretenden legislar sobre los cuerpos de las mujeres musulmanas, prohibiéndolas vestir como quieran.
D2: Respuesta rápida: el hiyab no es sólo un símbolo religioso. El islam NO ES SÓLO UNA RELIGIÓN.
P3: Defienden un presunto «derecho a decidir» de las mujeres musulmanas y, desde ahí, denuncian tanto el autoritarismo de Arabia Saudí por marcar preceptivas vestimentarias rigoristas a las mujeres, como el «autoritarismo» de Francia, Países Bajos o Bélgica por prohibir su uso.
D3: De nuevo están situadas en el individualismo subjetivista y en el fundamentalismo de la libertad: hay que liberar al individuo de las rejas del Estado patriarcal y opresor. Esto evidencia que ni saben lo que es el derecho ni saben lo que es la política ni saben lo que es el islam.
P4: Dice que «una ley que restringe termina restringiéndolo todo» porque lo importante es la libertad, etc.
D4: Lo importante es la libertad excepto si se trata de eliminar el crucifijo en las escuelas, que entonces ahí debe imperar el ideal laico. Por cierto, no vemos a estas feministas exigiendo a Arabia Saudí que permita hacer proselitismo de religiones distintas a la musulmana.
P5: El problema de las mujeres musulmanas no es el islam, sino el racismo estructural de las sociedades «occidentales».
D5: Respuesta sencilla: el islam no es una raza.
P6: La prohibición del hiyab en los centros educativos franceses ha dado como consecuencia que muchas chicas hayan dejado de estudiar.
D6: Es decir, está reconociendo que el hiyab arrastra todo un contexto social y político controlado por las fratrías islámicas y que las mujeres musulmanas sufren consecuencias si se quitan el velo. En suma, no quiere reconocer que el problema de esas chicas no es ponerse el velo, sino quitárselo.
P7: Hay que defender las libertades colectivas de las mujeres.
D7: Las mujeres no son un colectivo planetario universal, no hay leyes planetarias y universales ni libertades planetarias ni universales. Las mujeres estamos repartidas en Estados.










6 comentarios en “«El desnortamiento de las feministas “antirracistas”»”
Parece que hay algunas personas que pueden » autodefinirse» sin importar como las perciben las demás, o dicho de otra forma, intentan imponer su ideología de la «señorita Pepis. Por mi parte, ejerciendo mi derecho a una opinión libre, me da igual como se vistan las musulmanas, me importa un pepino como se autoperciban, pero no en mi Nación, Patria, que lo hagan en la suya. Fuera !! A la calle!!! Aquí no hay mamándurria para esta gente!!
Estupendas reflexiones.
Muchas gracias Paloma
Tus reflexiones me ayudan a ordenar los pensamientos
Gracias
Excelentes reflexiones, como siempre, la lástima es que todos estos merluzos y merluzas no leen.
Millones de gracias, Paloma.
¡Buenas peleas para todos!
Los garabatos que se pintan en los muros de las casas de otros, son las firmas sobre algo generalmente descuidado, gris, feo o desarmónico, pero también sobre lo bien cuidado en dónde la desarmonía de la firma le otorga lo que le falta y lo hace perfecto. En ambos casos los defectos quedan impresos para dar noticias y testimonio de su condición.
Es un símbolo y recuerdo de lo que permea a todos en el intento de comunicación bajo una obediencia que interfiere en la claridad del propósito.
El ímpetu natural a la desobediencia se convierte en transgresión, no a la ficción de ley, saber o creencia que se impone desde un dueño y autoridad, sino a su propia consciencia.
Para el huérfano de consciencia la ficción es la única realidad transformando al huérfano en objeto de ficción, condición para que sea observado y prestado atención. El desfogue de la represión va acompañada del saborear su poder con goce adictivo, lo que convierte a la víctima en victimario en diferentes graduaciones entre el dolor y placer en una repetición representada en un teatro.
La transgresión o la agresión en trance, se convierte en un lenguaje del cual se sedimentan palabras específicas en dónde se distorsionan los significados, propósitos y sentidos de la justicia, el amor, el respeto y la libertad que como carencias, emergen lógicamente el castigo, la represión, la tolerancia y la obediencia para indicar la condición afectada a la supervivencia, en dónde actúa la lucha, la parálisis y la huida, ocultando lo esencial y trascendente.
¿Qué se ama y que se desprecia?
Por lo tanto, una ficción de ley, saber o creencia, que puede ser una palabra, sueño, ideología y sistema, son circuitos cerrados en dónde los inicios y fines se encuentran prestablecidos. Las variantes son anecdóticas que pasan a llenar el saco de las estadísticas.
Cada creyente recreará una nueva versión a su medida para formar parte del circuito lógico y retroalimentarlo.
Aquí suceden las diferentes aberraciones en las separaciones e intentos de unificación como quimeras.
Por eso, hay que tener presente la mecánica clásica de los automatismos que forman lo aparente bajo una lógica binaria plasmada en planos bidimensionales. Los ojos y oídos pueden ser muy fácilmente engañados por la belleza.
El que es atrapado en la mecánica, no sólo puede ser atrapado entre cuatro paredes, sino hasta dentro de un diamante.
El amo y el esclavo son extremos de una misma vara, un extremo cree ser la única realidad.
El amo utiliza las virtudes y defectos como objetos de ficción dentro de un tablero de juego. En el esclavo, ese bien y mal se encuentran en pugna eterna y equilibrada. Ambos constituyen una normalidad monolítica en dónde los defectos deben perdurar como virtudes, por lo cual las virtudes quedan reprimidas, sin aprender cual es el error y el defecto que lo genera.
Los carceleros y al mismo tiempo, guardianes, son claros en el amo, reflejado en la sofisticación de su herramienta tecnológica virtual y física en la que entrega toda su responsabilidad, mientras en el esclavo es un Dios, idea, entelequia perfecta a la que nunca puede superar por su imperfección eterna, mientras se conserve como verdad en la memoria de las apariencias, que es atemporal.
El resultado es el transhumanismo, concretado en un Dios binario eléctrico y magnético de bolsillo y a la medida de cada usuario.
El creyente nunca elige a un presidente, ni al rey o Papa, tampoco al pastor o gerente, juez o general, y menos al dueño de la tierra o empresa en dónde trabaja. El contrato es entre los que saben y mandan con los que ignoran y obedecen.
Cuando los reinos se asocian se les llama imperio.
El teatro de realidad establecido es constituido por ficciones fantásticas, legales y técnicas. El adiestramiento se realiza con premios y castigos, pero el verdadero premio es no ser castigado, por lo cual solo existe libertad condicional bajo permisos con un tributo, y es llamado Derecho.
Por eso el arte expone lo aprendido con la virtud, o el producto de su defecto en dónde la virtud se encuentra en segundo lugar.
Al entrar al cuento de Caperucita roja inconscientemente, el cliente no irá a dónde quiera, sino que es obligado a transitar por dónde está programado ir.
Mientras entiendes el cuento, están pasando cosas… La normalidad.
¿Quién fue primero, el engañador o el engañado?
Todo es arte, y el arte es un juego. Hay que aprender a jugar.
Las razas son un constructo social, porque todo lo es. Cuando miramos al cielo azul, no lo registramos como una cámara; vemos un cielo construido en nuestra mente, y su construcción es en parte individual y en parte social. Y si luego aparece el arco iris, distinguiremos siete colores en parte porque el mago Isaac Newton, físico en su tiempo libre, creía en el valor mágico del siete.
Ahora bien, si nuestras representaciones son socialmente construidas -por sociedades de neuronas o sociedades de humanos- eso no significa que sean despreciables. Trazando divisiones convencionales, es como podemos actuar sobre la realidad para sobrevivir. Por ejemplo, los chimpancés y los bonobos tienen una separación genética del 0.4 porcentual, menos que la que existe entre los Homo sapiens -0.6- Genéticamente, los bonobos están dentro del rango de variación específica del chimpancé; son chimpancés. Sin embargo, la ciencia los cataloga no ya como subespecies, sino como especies separadas; ya que su morfología, y en especial su comportamiento, son muy distintos. Si no se hiciese esta distinción y, digamos, se pusiera a chimpancés y bonobos en el mismo recinto de un zoo o en una misma área protegida, los chimpancés matarían a los bonobos; ya que los chimpancés, hembras incluidas, son mucho más fornidos y agresivos. Luego la distinción específica es convencional, un constructo de los científicos, pero necesaria para su supervivencia y elemental para estudiar cómo dos formas de vida pueden separarse sin que lo haga su ADN.
El mahometanismo, el catolicismo o el taoísmo no son razas biológicas, desde luego; pero las diferencias entre el comportamiento que existen entre sus seguidores son comparables a las de especies distintas que compiten por un mismo territorio: diferente tasa de fertilidad, distintas estructuras sociales, modos peculiares de resolver los conflictos, nivel de agresividad, tolerancia al incesto, hábitos dietéticos… Si hiciésemos un zoo de religiones y culturas, no sería buena idea ponerlos en las mismas parcelas.