El lugar donde realmente mandas (y no es tu oficina)

VII Encuentros Forjados. La familia como eje vertebrador de la sociedad

Se ha extendido la idea de que lo importante pasa en la televisión, en los consejos de administración o en el parlamento. Es mentira.

Lo más alto y lo que realmente importa, ocurre en el salón de tu casa, en el ámbito doméstico, junto a los hijos, porque ese es el primer sitio donde se cultiva la “esencia” de la persona. La familia no es un «añadido», es el eje rector de todo el orden social, político y moral. Y si la familia falla, todo lo demás se desmorona.

Pero hoy te venden que el hogar es algo inferior. Paradójicamente, si eres mujer, te dicen que para ser “alguien” tienes que «masculinizarte», desmaternalizarte y salir de casa; si eres hombre te dicen que debes feminizarte, despaternalizarte y quedarte en casa porque los niños necesitan un amigo, no un padre. Ni siquiera es necesario ser feminista para seguir esas tendencias, es algo que impregna a la sociedad entera.

Pero esa visión es un error de consecuencias catastróficas. El matrimonio no es una lucha de poder; es el gobierno conjugado de un padre y una madre orientados al bien común.

Y aquí va lo que suele escocer a los «modernos»: padre y madre cumplen funciones distintas y no son intercambiables.

Si quieres entender por qué la sociedad parece un manicomio en descomposición, quizá es porque hemos olvidado que la capacidad relacional única que tienen las mujeres y la autoridad y firmeza paternal son las piezas que encajan el puzzle.

O cuidas el eje, o se rompe la rueda.

Piénsalo.

Fortunata y Jacinta

Postdata: Si has leído hasta el final, sabes que aquí hay algo importante que se está perdiendo… y que merece ser defendido.

Si estás cansado de discursos blandos y soluciones de cartón,  reserva tu plaza ya en los VII Encuentros Forjados.

No te apuntes para “aprender algo”. Apúntate para recordar quién eres y qué te toca sostener.

Lo demás puede esperar. Esto no.

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1 comentario en “El lugar donde realmente mandas (y no es tu oficina)”

  1. En los pequeños estados-ciudad que tenemos que empezar a organizar para resistir dentro del territorio nacional, será preciso dar un estatus propio a la familia. Me gustaría proponer que ese estatus también sea político: que la participación en lo público tenga a la familia como unidad. En las sociedades paralelas musulmanas en Europa, lo general es que se vote «lo que diga el marido». Y luego el marido vota lo que indica el imán. Con lo que tienes un voto en bloque automático que levanta alcaldías, distritos electorales en poco tiempo, e incluso sin tener la mayoría demográfica. Es parecido a lo que pasa con el voto Amish en Estados Unidos, o el voto judío ultraortodoxo en Israel. Las hembras de nuestra especie encuentran muy natural votar lo que dice su pareja, y sólo si destruyes estos vínculos familiares votan lo que les diga la masa o alguien carismático; como una especie de sucedáneo. Sin embargo, en un modelo de ciudades estado (que tenemos que construir para sobrevivir) no es este voto religioso y colectivista lo que haría falta, sino decisiones familiares sobre asuntos concretos, de «la polis». En esto las mujeres y los hijos adultos pueden participar en los mismos términos que el padre. Luego con una «mónada» política equivalente a la unidad familiar, fomentamos la familia y evitamos que pese más lo que voten familias que tienen doce hijos que las que tienen dos; previniendo una «yihad demográfica» interna.

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