«Espíritus libres y pájaro cantor»

Iñaqui López y Cía. van de «espíritus libres y pájaro cantor», pero lo cierto es que ellos también van a sus «misas» particulares y siguen sus respectivos dogmas sui generis. Hoy vamos a hacer un comentario sobre esta cuestión.
1. Que la religión es un componente histórico tan importante como la lucha de clases pudo verse ya en las primeras semanas tras la proclamación de la Segunda República en España, momento en que se inició la represión anticatólica con la quema de conventos e iglesias y la persecución, tortura y asesinato de religiosos. Curiosísimo que las primeras leyes adoptadas nada más proclamarse la República fueran anticlericales.
2. Esa furia anticlerical que, para ser precisos, tendríamos que llamar furia «anticatólica», había acompañado a todos y cada uno de los procesos revolucionarios del siglo XIX: desde la Revolución francesa hasta las revoluciones liberales que se extendieron por Europa y América. Ya entrado el siglo, entre 1926 y 1929, encontramos la desconocida guerra civil mexicana llamada Cristera, que dio lugar a una de las mayores persecuciones religiosas de la historia contemporánea.
3. A la Iglesia católica se la combatía ferozmente no sólo porque fuera era uno de los pilares del Antiguo Régimen (que también) sino porque su depósito doctrinal era sustancialmente incompatible con el farragoso conjunto de ideas y creencias que, desde distintos frentes, terminaron atesorando ciertas élites ilustradas y que eran herederas de la vertiente espiritual más irracional de la cristiandad, el deísmo entre otras.
4. Podríamos decir que las sociedades occidentales, más que ateas se están paganizando, y que la gente está dispuesta a creer en cualquier cosa con tal de no creer en Dios. Como decía Chesterton, dejan de creer en Dios para empezar a creer en tonterías: la sacrosanta Democracia, los sacrosantos derechos humanos, la sacrosanta pacha mama, el sacrosanto yo interior, la sacrosanta Izquierda, etc.
5. El deísmo es el culmen del dogma relativista que viene a decir cínicamente que cualquier religión vale, que cualquier idea de Dios vale. Y digo «cínicamente» porque este dogma relativista expele, como si le quemara, al Dios de los católicos. Cabe Lucifer, eso sí, entendido como aquel que trajo la luz del conocimiento a los seres humanos. Desde el deísmo, este Ser Superior puede ser cualquier cosa a la que queramos otorgarle trascendencia: puede ser una bola de luz, el agujero negro de la Vía Láctea, Lucifer, la madre naturaleza o los extraterrestres.
6. Frente a este dios sin religión que se predica hoy día, el individuo queda sin otro referente más que él mismo (el hombre debe ser un dios para sí mismo y no necesita de nadie). Este individuo estará convencido de que opera desde «su propia conciencia y desde sus propios códigos éticos y morales» sin saber que tal cosa es imposible: lo que hará será seguir los dogmas sui generis que le administren los poderes de turno.
7. Esto es una vía embriagadora que puede producir la ilusión de la omnipotencia y así estamos.

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