Idea metapolítica de «Género Humano»

Idea metapolítica de «Género Humano»

Desde la idea metapolítica de «Género Humano», los grupos humanistas y libertarios proclamarán cosas como éstas que dice Irene Montero. Pero no hacer la distinción entre inmigrantes legales e ilegales significa situarse al margen de las categorías políticas, actuar más bien como una ONG o como una Iglesia de vocación universalizante, puesto que «la izquierda, si es política, tiene que saber que los inmigrantes, no por ser hombres, tienen derecho a ser ciudadanos de un Estado. De un Estado que no podría, sin hundirse, conceder su ciudadanía a los 6.000 millones de individuos que están protegidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos» (Bueno, 2001), porque en tal caso acabaría ahogando la economía de ese Estado y, con ella, al Estado mismo.

Aquí está la razón por la cual el ideal del Estado de Bienestar, propio de las democracias homologadas de nuestros días, es incompatible con la solidaridad sin fronteras, prescrita por las normas éticas o por los derechos humanos. Es decir, en la política real —no así en la política ficción de quienes confunden al Estado con una ONG— lo que manda es la prudencia y, en muchos casos, la prudencia política exige suspender los derechos éticos —la solidaridad con todos los miembros del Género Humano— porque en caso contrario la sociedad colapsaría.

De hecho, sin nuestros respectivos Estados de referencia —aquellos que geopolíticamente están incluidos en el área de influencia del Imperio de EEUU— ni siquiera habrían podido conceptualizarse los Derechos Humanos de 1948 a los que apela Podemos, porque dicha Declaración nace de unas condiciones materiales y políticas determinadas, a saber, democracias liberales, sufragio universal, cierre de fronteras frente a la URSS, individualismo, consumismo, tradición cristiana (no islámica), etc.

No, señora Montero, los seres humanos no nacen libres ni iguales en dignidad. Los individuos indiferenciados a los que se refiere la ONU no existen: el sujeto personal pertenece necesariamente a un grupo social y no a otro, pertenece a un ciclo cultural, a una clase social, es de una raza y no de otra, habla una lengua y no otra, es un ciudadano (ligado a un Estado concreto) y no sólo «un ser humano».

Por eso, el Islam no se acoge a la Declaración de los Derechos Humanos de 1948, sino a los Derechos Humanos del Islam condicionados por la Sharía. Y por eso la Carta Fundacional de Hamás explica el papel de la mujer en la sociedad islámica como «hacedora de hombres», como amas de casa responsables de proporcionar a los hombres educación y liderazgo moral.

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