Paquete de regeneración democrática

paquete de regeneración democrática

El paquete de regeneración democrática es un eufemismo para no mentar a la bicha: la censura. Y a este respecto hay que aclarar varias cosas que ya subrayaba Gustavo Bueno, a saber, que la idea bobalicona de libertad subjetiva suele presentar a la censura como su contrafigura directa, siendo así que ingenuamente se entiende a la libertad como buena per se al tiempo que se presenta a la censura como mala per se. Sin embargo, muchas veces la censura puede ser prudente, sabia y necesaria desde el punto de vista político. Pues bien, esa es la crítica que hay que hacer a las medidas de regeneración democrática que está preparando el gobierno: no es sólo que atenten contra el pluralismo político, sino que son un disparate suicida para la conservación de España.

La preceptiva ideológica que se está preparando cumple una función parecida a la del consejo censor eclesiástico en su época de esplendor o a la de las juntas censoras de los regímenes del Antiguo Régimen. Sin embargo, mientras en tiempos pretéritos la nobleza o la Iglesia declaraban abiertamente que sobre determinados materiales artísticos y sobre determinadas líneas ideológicas se aplicaba censura, la preceptiva ideológica del presente —censura real, efectiva y en crecimiento— es continuamente presentada como la más alta expresión de la libertad y de los valores democráticos. Esto es, se trata de una censura cínicamente enmascarada.

Pero, como digo, eso no es lo grave. Lo realmente grave es que, mientras que las juntas censoras de la URSS y de EEUU durante la Guerra Fría tenían como fin fortalecer al Estado soviético frente al empuje del bloque capitalista o viceversa, la actual preceptiva ideológica de los progresistas funciona justo al contrario, no tiene en el horizonte la cohesión y conservación de la Polis (criterio político), sino la cohesión y conservación del grupo «progresista» (criterio ideológico).

El poder político, la propaganda, la censura, incluso la mentira política no son ni buenas ni malas per se, sino que tienen que ir ligadas a la eutaxia, a la prudencia y a la sabiduría de los gobernantes con el objetivo de lograr un cierto equilibrio en el todo social, plural y divergente de suyo.

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