Acabo de terminar de editar el capítulo que publicaré mañana sábado a las 9h y que trata el tema de la mujer en el islam. A propósito de esta cuestión quiero subrayar que es común observar que muchas personas «occidentales» convertidas al islam entienden la religión desde coordenadas protestantes, esto es, como un sentimiento de comunión íntima con lo trascendente, donde sería suficiente leer el Corán («Sola Fide y Sola Scriptura»). Pero esa visión de la religión es ajena completamente al islam.
En el universalismo del islam lo central no es el Estado (dawla) ni muchísimo menos el individuo, sino la comunidad universal de todos los musulmanes (umma): la individualidad del creyente islámico se diluye en un alma colectiva, en el entendimiento agente universal del islam. En otras palabras, el individualismo subjetivista que postula que el sujeto tiene autonomía moral para leer e interpretar libremente el Corán es insoluble en el islam.
El islam es ante todo una ley y esa ley es obligatoria. Es musulmán, y no sólo de cultura musulmana, quien reconoce a esta ley islámica una autoridad soberana y por tanto la obedece.
Por otro lado, hay que situar la esencia del islam no en sus componentes estrictamente religiosos —que, por otro lado, son muy básicos— sino en tanto complejo institucional político-militar de alcance internacional que sigue firmemente impulsado en nuestros días por la idea de un imperio con pretensiones universalistas: la idea de un califato respaldado por una supuesta legalidad divina, lo que se conoce como «teocracia».
Dicho en otros términos, sin los Estados teocráticos musulmanes el islam sólo sería una suerte de guía práctica y moral. Su potencia real está en el plano de la política y de la geopolítica y por eso resulta tan amenazante en nuestros días.





2 comentarios en “«Sobre los sucesos en Siria y el problema del islam»”
De hecho, sería la ideología más potente, capaz de superar las identidades nacionalistas, algo que ya intentó el comunismo, pero acabó fracasando. Tampoco el catolicismo lo consiguió durante la monarquía católica de Carlos I y Felipe II.
Muy interesante, el problema es que la gente no quiere aprender.